Qué bello es un río. Un país que no tiene un río rico, amplio, ondulante, no es un país en absoluto. Sentarse en la orilla de un río y dejar que las aguas fluyan al lado de uno, observar las suaves ondas y escuchar cómo bañan las márgenes; ver a las golondrinas cuando tocan la superficie y atrapan insectos; y en la distancia, al otro lado del río, en la orilla opuesta, escuchar voces humanas o un muchacho que toca la flauta en un tranquilo atardecer, acalla todo el ruido que a uno le rodea. De algún modo, las aguas parecen purificarlo a uno, limpian el polvo de los recuerdos de ayer, y dan a la mente esa cualidad que es su propia pureza, tal como el agua es, en sí misma, pura. Un río lo recibe todo- las alcantarillas, los cadáveres, la suciedad de las ciudades por las que pasa- y no obstante se limpia a sí mismo de todo eso en pocas millas. Lo recibe todo y permanece siendo el mismo, sin preocuparse de distinguir lo puro de lo impuro. Son solo las charcas las pozas pequeñas las que se contaminan pronto, porque no están vivas, porque no fluyen como los amplios, dulcemente aromáticos ríos ondulantes. Nuestras mentes son pequeñas charcas que pierden su pureza. Es esa pequeña charca llamada mente, la que juzga, sopesa, analiza - y con todo, permanece siendo la pequeña poza de irresponsabilidad que es.
La mente tiene que escuchar y esperar, moverse con lo profundo. Una mente sutil no se apresura, vacila.
Penetrar en lo desconocido, no dar nada por sentado, no suponer nada, estar libres para descubrir.
Lo que importa no es comprobar, sino descubrir la verdad.


Krishnamurti

2 comentarios:

  1. con lo que me gustan los ríos!!!! enseñan tanto si uno los observa no???

    Gracias!!
    Jesi

    ResponderEliminar
  2. Qué hermoso sería tener un
    AlmaCorazónMenteRío.!!!

    ResponderEliminar

Quién Soy Yo...?


Red Mundial de Escritores en Español
.