'Ensayos sobre la búsqueda'

Lo Real y su apariencia son la misma cosa vista desde diferentes lados. Después de todo, los innumerables temas de la apariencia son formados por un proceso del pensamiento, que es una fuerza perteneciente a lo Real. No podemos ejercer violencia sobre la existencia del mundo desechándolo como irreal. La que intente hacer esto es sólo una mística incompleta, o una metafísica no esclarecida y meramente intelectual, no una filosofía basada en el conocimiento. La filosofía, al disolver la pluralidad del mundo en la unidad, revela que, en última instancia, está compuesta por la misma sustancia que su base eterna. La Mente interpenetra todos los diferentes niveles espacio-temporales del universo. Por lo tanto, todos los mundos son uno solo. Quienes vivan en un particular nivel espacio-temporal, tendrán naturalmente una forma de consciencia distinta de quienes vivan en otro nivel. En consecuencia, puede haber (y hay) numerosas formas de consciencia, representando cada una, para sus habitantes, un mundo. Pero la "sustancia" última de estos mundos es una misma: la Mente; sólo los modos de captarla cambian de un nivel espacio-temporal a otro. Cada mundo es real en la experiencia de quienes están en él, aunque vastamente diferente de los otros. Ningún mundo es una ilusión, pues cada mundo es una prolongación del propio ser de Dios; pero es ilusorio nuestro particular modo espacio-temporal de experimentar y conocer a ese mundo. La apariencia del mundo es bastante real para quienes tienen que vivir en él. Por tanto, la posición verdadera no es entre el mundo como una ilusión y algo trascendental como la realidad, sino entre la apariencia y su base oculta. De esta manera, cuando expandimos nuestra comprensión del mundo físico, descubrimos que también es divino. Mientras el mito de la multiplicidad domine nuestra mente, estaremos confundidos y perplejos. Debemos volvemos hacia la verdad: la unidad. Nada existe, salvo la Mente.

Cuando podamos captar este concepto, que la Mente es la única realidad, y que todo lo demás es sólo su apariencia o su manifestación, y cuando captemos el corolario de este concepto, que el hombre mismo está fundamentalmente arraigado en la Mente, entonces podemos dar un paso más adelante, en el sentido de que si la existencia humana tiene algún objetivo último, éste sólo podrá ser demostrar la unidad del ser e ingresar conscientemente en su propia verdad oculta. De esta manera, nuestra conclusión final no deberá ser que el mundo es una ilusión, ni que el mundo es irreal, sino que su aspecto exterior respecto de la mente es ilusorio, y su independencia respecto de nuestro yo es irreal. No existe por sí solo. La realidad estable que juzgamos que se halla en las cosas, pero erróneamente creemos que está en la existencia de éstas, creada por los sentidos, reside, por tanto, realmente en la mente universal que se manifiesta en aquéllas. En consecuencia, nuestra impresión total sobre la realidad del mundo no es ilusoria, sino que está desubicada. Si domináramos esta realidad del modo correcto, deberemos elevamos sobre el nivel de las percepciones sensorias y alcanzar el nivel de la Mente unificadora de todo y universal, que está detrás de aquéllas.

Paul Brunton

1 comentario:

  1. Cuanta importancia tiene la mente, su cuidado y educación.

    Excelente y muy formativo el post que nos acercas.

    Gracias por compartirlo.

    Cálido abrazo.

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