LA MUJER DE LOT
Tal como aparece en el Antiguo Testamento, el relato de la mujer de Lot posee un significado psicológico. Podemos, por cierto, tratarlo como una simple narración del caso de una mujer que en tiempos remotos miró atrás y quedó convertida en una estatua de sal. Pero semejante punto de vista nos es casi imposible al tomar en cuenta lo que el Nuevo Testamento dice de ella. Jesús expresa muy extrañas cosas acerca de lo que llama la consumación de los tiempos, o 'el fin del mundo'. Dice: "Asimismo, también como fue en los días de Lot; comían, bebían, compraban, vendían, plantaban, edificaban; mas el día en que Lot salió de Sodoma, llovió del cielo fuego y azufre, y destruyó a todos: como esto será el día en que el Hijo del hombre se manifestará. En aquel día el que estuviere en el terrado y sus alhajas en casa, no descienda a tomarlas; y el que en el campo, asimismo no vuelva atrás. Acordaos de la mujer de Lot."(Lucas, XVII, 28/32) Para comenzar, recordemos el relato de Lot. La narración está en el Génesis, y trata de unos ángeles que visitaron a Lot en Sodoma para advertirle que huyese con su mujer, sus hijas y yernos antes de que la ciudad fuese destruida por sus pecados. Los yernos no daban crédito a la advertencia, y el propio Lot demoraba, al extremo de que los dos ángeles le llevaron, a él, su mujer y sus dos hijas, fuera de la ciudad. La narración continúa de este modo: "Y fue que cuando los hubo sacado fuera, dijo: Escapa por tu vida; no mires tras de ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte, no sea que perezcas. Y Lot les dijo: No, yo os ruego, señores míos; he aquí, hasta ahora tu siervo ha hallado gracia en tus ojos, y has engrandecido tu misericordia que has hecho conmigo dándome la vida; mas yo no podré escapar al monte, no sea caso que me alcance el mal, y muera. He aquí ahora esta ciudad está cerca para huir allá, la cual es pequeña; escaparé ahora allá (¿no es ella pequeña?) y vivirá mi alma. Y le respondió: He aquí he recibido también tu súplica sobre esto, y no destruiré la ciudad de que has hablado. Date prisa, escápate allá; porque nada podré hacer hasta que allí hayas llegado. Por esto fue llamado el nombre de la ciudad, Zoar. El sol salía sobre la tierra cuando Lot llegó a Zoar. Entonces llovió Jehová sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos; y destruyó las ciudades y toda aquella llanura, con todos los moradores de aquellas ciudades, y el fruto de la tierra. Entonces la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal." (Génesis, XIX, 17/26)
*Todo esto tiene un sentido psicológico y se refiere al paso de una condición a otra en el desarrollo de sí mismo. Trata acerca de estados o etapas en el 'desarrollo interior'. O sea de cómo el individuo ha de abandonar lo que era antes y aquello a que se aferraba. Citemos una frase de esta narración. Este individuo, Lot, comenzaba a evolucionar. Tenía que dejar de ser lo que hasta entonces era. Discute, regatea y quiere irse a un pueblecito llamado Zoar. A la larga, el ángel accede y le dice: "Date prisa..'., nada podré hacer hasta que allí hayas llegado." Zoar representa un nuevo estado, una nueva condición psicológica; pero también es algo muy chico. Y al alcanzar Lot esta nueva condición, aunque aparentemente inferior a la que de él se esperaba, la versión dice: "El sol salía sobre la tierra cuando Lot llegó a Zoar." ¿Qué significa tierra? En el 'Padre Nuestro' se dice: "Hágase tu voluntad así en la tierra como en el cielo." Cuando en su desarrollo interior el hombre alcanza un nuevo estado de comprensión, se dice que 'el sol sale sobre la tierra'. La tierra del hombre está en el hombre mismo. A fin de evolucionar, el hombre tiene que dejar esta 'tierra', tiene que dejarse a sí mismo. Tomemos nota de que "destruyó las ciudades y toda aquella llanura, con todos los moradores de aquellas ciudades, y el fruto de la tierra." En la condición en que se hallaba, Lot recibió aviso de que tenía que huir al monte. O sea que tenía que alcanzar otro nivel en sí mismo, un nivel superior. El ángel le dice que no puede ayudarle en tanto no se haya separado de su antigua condición, que lleva por nombre Sodoma, y en tanto no haya llegado a otra llamada Zoar. No puede destruir la comprensión vieja hasta que haya logrado una nueva. Pero Lot duda de su capacidad para lograr esta nueva condición de si mismo. 'No podré escapar al monte', exclama. Y, hasta cierto punto, suplica que se le permita pensar y obrar como solía hacerlo en su condición anterior. Hay una condición que el hombre alcanza en sí mismo; y en ella no sólo ve por sí propio la verdad del conocimiento esotérico que se le ha dado, sino que él mismo se convierte en dicho conocimiento al practicarlo en la vida de tal modo que llega a ser tan parte suya que ya no puede prescindir de él; el conocimiento ya no puede ser algo que lleve a la memoria cuando disponga de tiempo. Hay una gran diferencia, una diferencia inconmensurable, entre lo que el hombre sabe y lo que el hombre es. Ni puede su saber convertirse en parte viva de si, a menos que advierta el supremo bien que hay en él y se dé plena cuenta de que tal bondad es su aspecto más elevado y que también es de muchísimo mayor importancia que el conocimiento que hada él conduce. Primero se reconoce la verdad del conocimiento y luego su bien, su bondad. Todo conocimiento esotérico es germinal en cuanto conduce a otro estado. De hecho es algo que crece continuamente y que va transformando su significado. De suerte que va cambiando en el hombre a la vez que va cambiando al hombre. Así, el hombre no puede retroceder ni aferrarse a lo que comprendió una vez, pues eso equivale a volver a ser lo que dejó atrás. Y verdad es que estas viejas comprensiones le serán peligrosas. Uno ha de perder una forma de vida para poder lograr una nueva. Jesús se refiere a la mujer de Lot a propósito del 'fin del mundo' en 'el día en que el Hijo del hombre se manifestará.' Pero se refiere a una condición interior del hombre, y al tránsito de una condición a otra. Y por eso acentúa que: "Cualquiera que procurare salvar su vida, la perderá; y cualquiera que la perdiere, la salvará." (Lucas, XVII, 33) Trata de un logro del hombre, se refiere al logro de cierta comprensión en la cual algo que alguna vez le fuera santo ya carece de todo significado. Es decir que su antiguo apoyo, sus valores corrientes, lo que antes le era sagrado, ya no le dice nada. Este es el punto, el cruce, en que algo puede ocurrir en él. Por eso en el pasaje correspondiente de Mateo se dice: "Por tanto, cuando viereis la abominación del asolamiento que fue dicha por Daniel profeta, que estará en el lugar santo (al que lee, entienda), entonces los que están en Judea huyan a los montes; y el que sobre el terrado, no descienda a tomar algo de su casa; y el que en el campo, no vuelva atrás a tomar sus vestidos. Mas ¡ay de las preñadas y de las que crían en aquellos días!" (Mateo, XXIV, 15/19) Es un trance bastante duro el descubrir que ya no tiene ningún valor algo que cierta vez consideramos santo. Tomemos nota de que se dice en este pasaje "(al que lee, entienda)". Esto significa que se ha de entender psicológica y no materialmente. El hombre ha de llegar a un punto en el que tiene que seguir adelante, ir más allá de sí mismo, más allá de lo que ha sido, o perecer. Lot no quería moverse. Sodoma, su ciudad, era lo que él mismo. Tenía que alejarse de si, o perecer. Cuando la abominación del asolamiento ocupa el lugar de lo que fuera santo para uno, hay que 'huir a los montes'. Porque nada puede ser peor que perder valores y significado. Y es justamente la vida la que se encarga de colocarnos en semejante trance. Y ahí está la enseñanza esotérica, 'los montes', para damos encuentro. Entonces es cuando la vida anterior, o sea todo lo inútil de ella, se destruye lo mismo que Sodoma, la ciudad de la llanura. Todo este relato trata de un cambio interior y de un renacimiento. Se refiere al abandono del nivel interior en que uno antes vivía, y el logro de uno nuevo. Podemos recordar, o leer, este episodio de Lot y de Sodoma. Se le narra tras la visita que tres extraños varones hicieron a Abram y a su mujer Sara. Tanto Abram como Sara han cumplido ya los noventa años de edad y se les ha anunciado que tendrán un hijo. A Abram se le cambia el nombre por Abraham y a Sara se le da el de Sarah (Princesa). En ambos casos se inserta la letra He, una de las letras sagradas del nombre de Jehová en el idioma hebreo. Es menester darse cuenta de que se trata de una narración psicológica y que se refiere no a su hijo de carne y hueso, sino de una regeneración o renacimiento. Sarah se ríe de los varones, luego lo niega; pero no se la perdona del todo. 'No es así, sino que te has reído', le dice uno de ellos. Y en el capítulo siguiente a éste se da la falla de la mujer de Lot. Ahora bien, quien quisiera que avance un paso en el camino de su evolución, su anterior condición se ha de destruir. No puede nadie permanecer siendo lo que es y al mismo tiempo convertirse en otro. No puede una semilla permanecer siendo semilla y ser árbol a la vez. De modo que cuando vemos que la alegoría de Abram y Sara se refiere al nacimiento de algo nuevo, como el de un hijo, podemos esperar que en seguida se dará la alegoría de una destrucción. Lo viejo no puede contener lo nuevo. Lo nuevo ha de destruir o ha de causar la destrucción de lo viejo, tomando de lo viejo únicamente lo que haya menester tomar. Los Evangelios ilustran esta verdad al referirse a la idea de no echar vino nuevo en odres viejos. Sin embargo, casi todos piensan que pueden cambiar sin dejar de ser lo que son; en otras palabras, imaginan que el propio cambio nada tiene que ver con llegar a ser distinto de lo que se era o es. Por este motivo les resulta difícil entender que cuando las Escrituras mencionan un nuevo estado (como el nacimiento de un hijo a Abram y Sara), la idea va siempre acompañada de alguna referencia a una muerte. Lo nuevo no puede existir sin la muerte de lo viejo. No puede la semilla, en tanto sea semilla, ser también árbol. Debido a esta dificultad de entendimiento la gente no sabe, ni se da cuenta, de la razón por que murió Cristo. No se dan cuenta, o no saben, que un renacimiento, o una nueva condición, debe también significar la muerte de una anterior. En vista de esto, no ha de sorprendernos hallar que en cuanto se promete un hijo a Abram y Sara, surja también la cuestión de que algo debe destruirse. En este caso se le llama Sodoma y Gomorra. Pero es todo un proceso interno, psicológico. Indica cómo el hombre puede, efectivamente, ir pasando de uno a otro nivel. Cambian los nombres, los personajes son más variados, las escenas parecen distintas, pero va todo por dentro, es psicológico. Estas narraciones están escritas en el mismo lenguaje que las parábolas y los sueños. Se refieren al mismo proceso interno como el que ocurre, por ejemplo, en El Progreso de un Peregrino, relato escrito 'semejante a un sueño'. Es decir, en el lenguaje del sueño. Pero todos tra tan acerca de una sola persona: el hombre. Y de su vida interior y el desarrollo de esta vida. Tomemos nota de cómo Abram, que ya se llama Abraham, suplica a Dios preserve a Sodoma. Dice: "¿Destruirás también al justo con el impío? Quizás hay cincuenta justos dentro de la ciudad. ¿Destruirás también y no perdonarás al lugar por cincuenta justos que están dentro de él?" Dios accede a esta súplica, y Abraham nuevamente le pide que salve a la ciudad aunque haya 45 justos; luego por 40, o por 30, si los hay. Al fin, sólo por 20. Abraham termina diciéndole: "No se enoje ahora, mi señor, si hablare solamente una vez; quizás se hallarán allí diez". Y Dios le responde: "No la destruiré por amor a los diez."
Observemos cómo Lot no quiere abandonar Sodoma. La idea es la misma. Pues todos somos
renuentes para dejar lo que nos es familiar, natural y fácil. Nos es difícil abandonar el sentido
del propio mérito y de la propia virtud, el sentimiento del éxito personal. Se nos hace duro ver
que nuestra propia inmundicia (la Sodoma que llevamos dentro) se alza justamente sobre
estos sentimientos de mérito y de amor propio y en el adjudicarlo todo a la propia inteligencia. Los habitantes de Sodoma creían que podían conocer a los 'ángeles', se consideraban sus iguales en comprensión. Pero Lot estaba mejor enterado de la verdad. Metió a los dos varones en su casa y cerró la puerta a los hombres de la dudad. Esto representa un
discernimiento, el hecho de darse cuenta de lo que tiene valor y distinguirlo de lo que no lo
tiene. Lot podía distinguir en sí mismo a todas estas personalidades de la dudad que no valían
un comino y que no pasaban de ser sino diferentes manifestaciones de su amor propio.
Estaban fuera de su comprensión más intima, y les cerró la puerta de esa íntima comprensión. Es preciso entender que el amor propio es distinto del amor al prójimo o del amor a Dios. Estas son tres etapas en el desarrollo interior. Para poder desarrollarse, el hombre ha de dejar atrás la primera, por cuanto todo lo que forma y conforma el genio del amor propio está mal conectado. Es sólo una mala máquina. Esto es Sodoma. Considerad todo lo que surge de un amor propio no reconocido y falto de disciplina. Surgen de él todas las delicias del poder y la posesión, en grande o en pequeña escala. Y también toda suerte de presunciones y apariencias, toda suerte de engaños, falsías, mentiras y "poses" externas. Y ahí mismo, aunque más profundamente, nacen el odio, la venganza, el desagradable placer de dañar a otros, toda clase de crueldades y de malicia que resultan en un oculto sentimiento de poder en el amor propio y así lo inflan. Todo esto es Sodoma, ya sea que more en el pensamiento, en los sentimientos o en la órbita de las acciones. Para poder hacer morada en una nueva condición, hay que dejar, abandonar la antigua. De modo que Lot ha de abandonar Sodoma, y los varones, o ángeles, le urgen a que no se detenga, que se dé prisa, que no mire tras sí. Este es el relato de un viaje psicológico. Cuando el hombre pasa de una condición interna a otra, ha hecho esta clase de viaje dentro de sí. Y estos pequeños viajes están siempre ocurriendo dentro de cada uno de nosotros. En nosotros hay siempre quien se mueve. Pero aquí se trata de una mudanza de un nivel inferior a uno superior. Lot ha de abandonar la llanura y dirigirse a los montes. Ello quiere decir que todo cuanto en él tenga relación con su anterior nivel ha de morir, se le ha de abandonar. El hombre se relaciona, está emparentado o conectado por medios muy diversos a diferentes facetas de si mismo. Así como en la vida externa tiene una familia, madre, padre, esposa, hijo, hijas, hermanos, etc., así también los tiene en el mundo interior de sus pensamientos y sentimientos y deseos, de sus ideas, inspiraciones, vislumbres de la verdad y del conocimiento, distintos estados de ánimo, diversos quereres, percepciones íntimas, captaciones, propósitos, etc., etc. La mujer de Lot es una de estas parientes, una relación o un contacto que tuvo que hacerse estéril. Dio sus frutos en cuanto a Sodoma. La muerte con respecto a la última relación se representa con el mirar atrás "a espaldas de él", por su mujer. Y ella quedó convertida en una estatua de sal.
Todas las días anteriores giran en tomo al tema de una violación de la verdad esotérica. Como ocurre con todas las cosas, también la verdad esotérica es algo que se puede malentender. No
sólo puede llegar a personas indignas que 'la violarán y de este modo la harán más inútil', sino que puede también caer en un aspecto inadecuado del propio hombre, pues el hombre no es una, sino muchas personas. Tiene muchos aspectos o facetas. Por consiguiente, puede captar las cosas de un modo equívoco si carece de la necesaria comprensión, y puede convertirlo todo en asunto de ridículo. Entonces esta condición será peor que la que tenia antes. Si el conocimiento esotérico fuese igual a cualquier conocimiento ordinario; si se Fe pudiera obtener en un colegio o universidad, los errores que se cometiese al emplearlo darían
resultados visibles. Cuando esto ocurre en la vida ordinaria, decimos que la persona ha
fracasado, que no entiende sus asuntos y que no sirve. Pero en el caso del conocimiento
esotérico y de la evolución psicológica que puede producir, siempre que caiga en buena tierra, la comprensión es muy distinta. Si llega a fracasar, las posibilidades de desarrollo y
comprensión de la persona quedan arruinadas para siempre. Si interpretamos el relato de Lot y de Sodoma como un proceso individual y de los diversos aspectos del hombre, y si conseguimos entender, aunque sea vagamente, que ese abrir y cerrar la puerta se refiere a una comprensión interna y a otra externa, podremos damos cuenta de que es una separación entre los factores útiles e inútiles para su evolución interior. Todos los elementos que en el hombre procuran negar la existencia de una evolución psicológica precisa siempre 'hacen gran violencia al varón, a Lot' y siempre se acercan 'para romper las puertas' (las intimas).
Estuvieron a punto de arruinar la comprensión de Lot. Todo este episodio trata de la violación psicológica. Cada uno de nosotros lleva en sí enormes fuentes de negación y, en una evolución más avanzada que conduce ya a la transformación, lanzarán una guerra implacable contra el hombre. Pero en esa narración se indica que tales elementos fueron cegados, de modo que no pudieron dar con la puerta. Esto significa que a cierto grado de tentación el hombre recibe cierto grado de ayuda. Lo recibe justamente del nivel superior que trata de alcanzar; y, por así decirlo, los elementos antagónicos quedan desviados y ciegos. Esto se refiere a cierta condición de la vida interior. Al comienzo están a punto de violar la puerta, pero en cuanto ha aceptado a los 'dos varones' y cuando ambos ya están dentro de él, entonces recibe ayuda. La narración dice que 'entonces los varones alargaron la mano y metieron a Lot en casa con ellos y cerraron las puertas'. (Génesis, XIX, 10) Otro ejemplo de lo que puede llamarse ideas típicas que recurren en la psicología esotérica, es el uso de la palabra 'ciudad' (o calle, o plaza). Los hombres con quienes Lot lucha están 'a la puerta de la casa' en la dudad. Exigen que los dos visitantes salgan 'para que los conozcamos'. A su nivel material, en el idioma hebreo, esta expresión tiene un sentido sexual. Expresiones como 'conocer' se refieren al contacto sexual. Pero todas las uniones de esta clase pueden expresarse en términos semejantes. En el lenguaje imaginativo, en la alegoría esotérica y en
las parábolas, se presentan estas imágenes para comunicar significados psicológicos. Y el
punto que se acentúa en el caso de Lot, es que los hombres de la ciudad no han de tener unión
de ninguna especie con los dos varones que están dentro de la casa. La idea de que el hombre
es semejante a una casa con muchas habitaciones, es una idea sumamente antigua. Se compara la constitución interna del hombre con una casa que tiene habitaciones a diversos
niveles. En la narración de Lot, los hombres de la ciudad representan aspectos externos.
Representan aquellos elementos de Lot cuya comprensión es externa, la comprensión que se
apoya en el mundo exterior del que informan los sentidos. No puede sembrarse el conocimiento de la psicología esotérica en este aspecto del hombre, pues lo externo se
contrapone siempre al desarrollo interno del hombre. Es menester darse cuenta de que hay
algo que está aparte de lo que se ve en el mundo. Si el hombre lo toma en la forma en que lo
ve ocurrir en el mundo, será muy externo y carecerá de reflexiones intimas. La psicología
esotérica comienza a obrar cuando el hombre advierte que tiene que haber alguna otra cosa
aparte de lo que le muestran los sentidos. De otro modo, los acontecimientos de la vida le
arrastrarán sin que encuentre en sí mismo algo capaz de resistir al caos de la vida exterior. Se
da la misma idea en la parábola del Sembrador: "Uno que sembraba, salió a sembrar su simiente, y sembrando, una parte cayó junto al camino, y fue hollada; y las aves del cielo la
comieron." (Lucas, VIII, 5) La verdad, el conocimiento de esa superior evolución del hombre
no ha de caer 'junto al camino' en el individuo; no ha de caer en aquellos aspectos 'de la
ciudad' o que están en las calles, en aquellos que solamente tienen que ver con la vida exterior. El más externo de los aspectos del Hombre es el que se relaciona con el mundo tal cual lo ve, con sus diarios quehaceres y con los efectos que las apariencias tienen sobre él. El
conocimiento esotérico ha de caer sobre algo más profundo. Ha de llegar al aspecto interno. Y en cuanto esto ocurra, empezará inevitablemente una lucha entre su comprensión interna y externa. De suerte que Lot ha de luchar contra los hombres de la ciudad, pues se encuentra en un punto en que puede ocurrirle algo preciso. Esto le coloca de inmediato ante el peligro de perder la comprensión íntima que ya tiene. De hecho, su íntima comprensión corre grave
peligro de que la comprensión exterior la viole. Cuando llegan los dos varones, le dicen que
pasarán la noche en la plaza, pero Lot 'porfió con ellos mucho, y se vinieron con él y entraron
en su casa, e hizoles banquete.' (V, 3) Esto significa que podía captar las diferencias que hay
entre lo que es del mundo y lo que corresponde al conocimiento esotérico. Comprendió que
tenía la posibilidad de un desarrollo, pero había de insistir en su realidad. Tenía que afirmarlo, de suerte que porfió con ellos para llevarlos a su casa y ellos accedieron. Y una vez en la morada de Lot hicieron que éste pudiese resistir a los hombres de "la ciudad." Le permitieron resistir todas sus dudas y hacer frente a todos aquellos aspectos de sí mismo que jamás pueden o podrán comprender. Pero Lot también se encuentra en aquella condición en que no puede romper consigo mismo, y aún quiere transigir. No puede apartarse de su comprensión terrenal. Por eso ofrece a sus dos 'hijas' a los hombres de la ciudad. (V, 8) No se ha de tomar esto en un sentido literal. Su verdadero sentido es que Lot quería transigir. Sabía perfectamente que no se ha de violar la verdad esotérica, pero carecía de la fuerza necesaria para confiar en ella del todo. Las 'hijas' representan dos puntos de contacto que lleva el hombre en sí, y que corresponden al sentimiento más que al saber. No ofrece sus hijas a los visitantes, sino a los hombres de la ciudad. Las ofrece a pesar de que son sus hijas y, por lo mismo, aspectos muy íntimos de sí en la esfera del sentimiento. Posteriormente, estas dos hijas pasan la noche con su padre, y de tal modo engendran nuevos aspectos emocionales de Lot. Los dos varones insisten en que Lot abandone la ciudad de Sodoma, que representa la condición en que se encuentra en ese momento. Le urgen a que se dé prisa, pero Lot demora: 'y al rayar el alba los ángeles daban prisa a Lot, diciendo: Levántate, toma tu mujer y tus dos hijas que se hallan aquí, porque no perezcas en el castigo de la ciudad. Y deteniéndose él, los varones asieron de su mano y de la mano de su mujer, y de las manos de sus dos hijas, según la misericordia de Jehová para con él; y le sacaron y le pusieron fuera de la ciudad.' (V. 15,16)
Y entonces se destruye Sodoma. Se destruyen todos los elementos inútiles para una posible
transformación del hombre. Hay sólo una referencia más a los hombres de la ciudad que
fueron cegados para que no diesen con la puerta. Pero todo este relato psicológico versa
acerca de quien no puede hacer frente a todos los cambios internos que son tan necesarios
para una transformación. Este relato es el de un hombre que alcanza cierto nivel y al que por un lado elevan y por el otro arrastran hacia abajo. Quiere todavía transigir con los hombres de la ciudad; este aspecto lo representa su 'mujer', o sea cierto íntimo afecto por el que quiere volver atrás. Los ángeles le dicen que huya a los montes; o sea, que huya hada un nivel superior de si mismo. Pero Lot no es capaz de hacerlo. Los ángeles, esto es, su entendimiento más elevado, le dicen: 'escapa por tu vida.' No se trata de la vida física, sino de la psicológica. Y añaden: 'no mires tras ti, ni pares en toda esta llanura; escapa al monte, no sea que perezcas.' (V.17) Pero Lot se queja; no quiere subir al monte. Tiene miedo. Dice: 'no podré escapar al monte, no sea caso que me alcance el mal y muera.' (v. 19) Siente la imposibilidad de llegar a esta superior condición de si, y que si lo intenta, morirá. Morirá psicológicamente al carecer de fuerza para vivir en él. Ruega, pues, que se le permita ir a una dudad pequeña. Se siente capaz de sólo ven pequeño cambio; no puede soportar lo que se le pide que haga y sabe que tiene que hacer. Discute con las fuerzas que le están transformando y les dice: 'He aquí ahora esta ciudad está cerca para huir allá, la cual es pequeña; escaparé ahora allá (¿no es ella pequeña?) y vivirá mi alma.' (V. 20) Los ángeles se lo conceden, y uno de ellos le dice: 'Date prisa, escápate allá; porque nada podré hacer hasta que allí hayas llegado. Por esto fue llamado el nombre de la ciudad, Zoar.' (V. 22) Zoar significa 'pequeñez.' Nadie puede huir de sí a menos que tenga adonde ir. No puede el hombre lograr un cambio en sí mismo, a menos que tenga algo en que apoyarse. Antes que pueda destruir lo viejo tiene que hacerse presente lo nuevo. Comprensivo y renuente a la vez, Lot no podía ir a los montes; sin embargo, ya tenía algo formado en sí, algo nuevo en que refugiarse. Esto es Zoar. Su renuencia se muestra en el hecho de que su mujer volvió atrás, a la antigua condición. A Lot se le dice que no mire hada atrás ni permanezca en la llanura. La narración expresa que "el sol caía sobre la tierra cuando Lot llegó a Zoar." (V. 23) Este idioma corresponde a su nuevo estado, a su nueva condición interior. Lot llegó a ella, a una nueva condición en sí mismo, pero pequeña, llamada Zoar. Su 'tierra' fue iluminada por ella. 'El sol salía sobre la tierra cuando Lot llegó a Zoar. Entonces llovió Jehová sobre Sodoma y sobre Gomorra azufre y fuego de parte de Jehová desde los cielos. Y destruyó las ciudades y toda aquella llanura, con todos los moradores de aquellas ciudades, y el fruto de la tierra.' (V.24,25) La condición anterior quedó completamente destruida. Todo cuanto crecía en el suelo, en la llanura, fue destruido. Todo este aspecto de Lot fue asolado. "Entonces la mujer de Lot miró atrás, a espaldas de él, y se volvió estatua de sal." (V. 26) En el lenguaje esotérico, la sal tiene significados diferentes, y en este caso se refiere a algo estéril, muerto. Todo lo que le queda a Lot son 'dos hijas.' Luego, la narración dice que Lot tuvo miedo de permanecer en Zoar, que se asentó en el monte y alojó en una cueva con sus 'dos hijas', y por ellas se propagó cuando le hubieron embriagado con vino. Todo este episodio trata de la tremenda lucha que se produce en el hombre y también de cómo, en cierto sentido, falla y de cómo, todo a cuanto ella dio lugar, resultó errado al fin.
Pero la esencia de la lucha se retrata en aquella escena en Sodoma, entre los hombres de la
ciudad y los dos varones, o ángeles, que visitan, a Lot en su casa. Lo que hemos de entender
es que esto se refiere a diferentes etapas de la psicología esotérica. Trata acerca de las condiciones internas de una persona que empieza a evolucionar. Trata del renacimiento
psicológico. No es un hecho histórico, como ningún acontecimiento de los Evangelios es un
hecho histórico en su esencia. No constituye un asunto literal, sino psicológico, y todos estos
son escritos cuyos autores estaban bien versados en la psicología esotérica. Tomarlos en un
sentido material es abusar de la nobleza de su significado. Y si se les toma materialmente,
sólo producirán asco en quien los lea.
"la flecha en el blanco" Maurice Nicoll

2 comentarios:

  1. Cris,
    Como ayuda tu blog y la musica que elegis a encontrar y permanecer en el encuentro con uno mismo.
    Muchas gracias!
    Un abrazo de todo corazón

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  2. Gracias por compartir; pero, ¿ahora quien soy?, ¿el que llegó a leerte, o el que está en la puerta para salir?, en si, solo puedo ser uno, que está en la orilla entre mi pensamiento actual y el que tenía anteriormente.
    Aquí hay mucho para pensar...
    Un abrazo por compartir...
    Jecego.
    Volveré a buscar la flor que debe abrirse durante el silencio.

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