CONCIENCIA Y AMOR

En el último comentario hemos dicho que el afecto reciproco era necesario para la conjunción con el Trabajo. Si una persona no tiene afecto al Trabajo no se puede producir la conjunción con él. Si no hay conjunción no hay tampoco comprensión del Trabajo. En suma, el afecto al Trabajo abre el camino a su eventual comprensión. La indiferencia o la antipatía cierra el camino a la comprensión. Si un hombre valora más otras cosas que el valor que presta al Trabajo en su yo más interior —dejando a un lado lo que finge con su sí exterior— será incapaz de llegar a una conjunción con el Trabajo. No se parecerá a aquel mercader que buscaba buenas perlas y "habiendo hallado una perla preciosa, fue y vendió todo lo que tenía, y la compró" (Mateo, XIII, 46). Observen que primero tuvo que vender antes de poder comprar. Vendió lo que carecía de valor en comparación con la perla. El mercader es uno mismo en relación con el Trabajo. Vender significa, psicológicamente, librarse de intereses anteriores a los que se prestaba valor extrayéndoles energía mediante el no identificarse. Esto libera energía que puede ir a la "perla" —la cual para nosotros es el Trabajo y el llegar a la conciencia—. Todo esto toma muchos años. Es un proceso misterioso como el de la semilla que crece sin que se sepa cómo lo hace, y conduce a una gradual transvaloración de nuestras valoraciones previas. Comprar quiere decir apropiarse de una cosa, hacer que una cosa sea
psicológicamente de uno. La energía psíquica se asemeja al dinero. Con poca energía psíquica libre sólo se puede comprar escasa comprensión nueva. Ahora bien, querer una cosa es valorarla, comprendiendo que aún no se la tiene. No quererla es no valorarla. Esto se debe a que uno imagina que ya la tiene, o que no le damos importancia alguna. Anhelar una cosa con toda nuestra mente, con toda el alma, el corazón y la fuerza es darle un valor supremo y anhelarla con todos los centros es amarla, sentir por ella el más poderoso afecto y emoción, antes que a cualquier otra cosa. Pero el Trabajo nos dice que no podemos amar así. No somos uno sino muchos. Nuestro ser está caracterizado por la multiplicidad. Tenemos muchos "Yo" diferentes que apuntan hacia todas direcciones. Un "Yo" desea algo, otro ''Yo" no lo desea. A un "Yo" le gusta algo, a otro "Yo" le disgusta. Un "Yo" siente afecto, otro "Yo" es indiferente. Cuando una persona está en el Trabajo, toda esta confusa lucha de los "Yo" prosigue año tras año bajo la vacilante luz de la auto-observación, y al alcance del oído del Trabajo. Este es el período en que se forma el Mayordomo Delegado. Todos esos "Yo" que con el tiempo juzgan que su vida es necia, y que valoran el Trabajo más que sus anteriores empeños se agrupan en torno del Yo Observante y empiezan a apuntar más o menos hacia una dirección. Constituyen un medio transmisor para las influencias que descienden desde lo alto, desde el Mayordomo que está en contacto con el Yo Real. Pero al principio este medio transmisor es imperfecto. Algunos "Yo" no debieran estar allí, y algunos más importantes no están presentes. Pero el hombre, la mujer, que sólo sienten el efecto general masivo del Mayordomo Delegado suelen decir que valoran el Trabajo y le tienen un afecto recíproco. No dirán que lo aman. Dirán, sin embargo, que están muy conscientes del Trabajo. La razón de ello finca en que el Trabajo está ahora en ellos y no en el pizarrón. Surge esta cuestión: ¿Es el amor en su verdadero sentido conciencia. Esto nos trae otra vez a la amonestación: "Amarás a tu prójimo como a ti mismo" (Mateo, XXII, 39), cuyo significado se discutió la semana pasada. Dije entonces que siempre lo hallé incómodo de entender. Además del significado del prójimo que es bastante difícil de entender, ¿qué significa "como a ti mismo"? ¿Qué ti mismo? De las cartas que he recibido llegué a la conclusión que algunas personas no hallan dificultad alguna en este pasaje y no consideran que necesita ser explicado. Una dice que significa simplemente que uno debe amar al prójimo y que todos saben lo que esto significa. Muy bien. Pero aun así, ¿por qué agregar "como a ti mismo"? Fuimos construidos mecánicamente sobre el amor de sí que debe ser separado dolorosa-mente de nosotros capa tras capa a medida que despertamos a nuestra verdadera condición. Gran parte de lo que llamamos amor es una velada extensión del amor de sí. Los únicos comentarios pertinentes que pude hallar son los de los primeros Padres de la Iglesia que descansan sobre todo en la parábola ilustrativa del Buen Samaritano, tal como está en Lucas, X, 29-37 y que sigue a la amonestación. Lo entienden como si significase que Cristo- quien vino de lo alto para ser el prójimo de aquellos que en el mundo están tan espiritualmente heridos que han llegado casi a la muerte espiritual. El simbolismo es interesante. Les dio "aceite" y "vino", y los pagó en el Mesón. Por cierto cualquier persona que entiende este Trabajo podría ser capaz de ayudar a aquellos que hoy día están similarmente heridos por esta edad de materialismo. Entonces serán verdaderos prójimos, hablando psicológicamente. Ahora bien, el Trabajo habla de tres clases de amor. Hay el amor físico, el amor emocional y el amor Consciente. Dice que el amor emocional puede fácilmente convertirse en su opuesto. Es amor-odio. Para esta clase de amor, la palabra griega φιλειν suele usarse en los Evangelios. Es un amor atormentador y celoso —y en realidad no es amor—. Para el amor Consciente suele emplearse la palabra άγαπειν. Nunca se la utiliza para el amor sexual. Cristo le pregunta a Pedro qué clase de amor le tiene. Pero Pedro sólo entiende el amor emocional (Juan, XXI, 15-17). Esta es la palabra empleada en el pasaje que estamos discutiendo. Supongamos que sustituyamos conciencia por amor. Entonces leeríamos: "Serás consciente de tu prójimo como de ti mismo". Esto podría significar: "Serás consciente de tu prójimo como eres consciente de ti mismo". Para mí, al menos, esta traducción seria mucho más comprensible a la luz de lo que enseña el Trabajo acerca de la necesidad de acrecentar nuestra conciencia. Ni siquiera somos conscientes de nosotros mismos. Vemos la paja en el ojo ajeno, pero no vemos la viga en el nuestro. No nos colocamos conscientemente en la posición de otra persona. No hacemos a los otros lo que querríamos que los otros nos hicieran a nosotros. Debido a una falta general de conciencia, las relaciones humanas en el mundo son lo que son. A medida que una persona llega a ser más y más consciente de lo que es en realidad, critica cada vez menos lo que es la otra persona. La arrogancia, la superioridad y la intolerancia se desvanecen, porque descubre que son ridículas. El objeto de este Trabajo es el de acrecentar la conciencia en todas direcciones. Observando, con tranquilidad, la misma falta en uno mismo que se ha señalado con acaloramiento o amargura en otra persona me parece que es el verdadero amor práctico. Pues, mediante el método del Trabajo que halla la misma cosa en uno mismo, se llega con el tiempo a ver el prójimo como uno mismo, y uno mismo como el prójimo. Mas, para empezar hay que conocerse a sí mismo. Es preciso empezar a ser consciente de uno mismo. Esta es la parte más necesaria del Amor Consciente, que no es un amor ciego.

MAURICE NICOLL
COMENTARIOS PSICOLÓGICOS
SOBRE LAS ENSEÑANZAS DE
GURDJIEFF Y OUSPENSKY
VOLUMEN IV

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