Oh, chela [discípulo] en la luz, ¿no ves tú el portal?
Veo el Portal y oigo una voz que llama. Qué debo hacer, Maestro de mi vida?
Atraviesa el Portal y no pierdas el tiempo en mirar retrospectivamente el camino que terminas de hollar. Sigue adelante hacia la luz.
El portal es demasiado angosto, maestro de mi vida, temo que no podré pasar.
Acércate al Portal y toma la mano de otro peregrino en el camino de la vida. Acércate al portal y no trates de entrar solo.
Ahora que he tomado la mano del hermano de mi derecha y del hermano de mi izquierda, no puedo ver el portal. Me parece estar rodeado de peregrinos en el camino. Parecen iguales, su nota es una, se parecen a mí y me circundan por todos lados, no puedo ver el portal.
Avanza en el sendero, oh peregrino en la luz, y permanece con ellos tomados de la mano ante el Portal de la luz. ¿Que ves?
Nuevamente aparece la puerta, y ahora parece amplia, no angosta como antes. ¿Qué vi antes? No era igual al portal que ahora enfrenta a este grupo de hermanos que permanece unido en el sendero.
El portal que viste antes, era una ficción de tu mente; una forma mental de tu creación separatista, algo que te separaba de la verdad, demasiado estrecha para atravesarla, sin embargo colmada de seducción errónea. Sólo el hombre que toma la mano de su hermano puede ver realmente el portal; sólo el hombre rodeado por los muchos que constituyen uno, puede entrar por ese portal que se cierra al hombre que trata de entrar solo. 


Alice Bailey

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