Krishnamurti

La bondad
La libertad es esencial para la belleza de la bondad.

La bondad sólo puede florecer en libertad. No puede hacerlo en el terreno de la persuasión en ninguna de sus formas o bajo compulsión, ni tampoco es el resultado de la recompensa. No se manifiesta cuando hay alguna clase de imitación o conformismo y no puede existir cuando hay temor. La bondad se muestra en la conducta, la cual se basa en la sensibilidad. La bondad se expresa en la acción. La totalidad del movimiento del pensar no es bondad. El pensamiento, que es muy complejo, debe ser comprendido; esta misma comprensión hace que el pensamiento se dé cuenta de su propia limitación.

La bondad no tiene opuesto. La mayoría de nosotros considera la bondad como lo opuesto de la maldad o del mal y, por eso, a lo largo de la historia y en toda cultura la bondad se ha visto como la otra cara de lo brutal. El género humano ha luchado siempre contra el mal para ser bueno; pero la bondad nunca puede aflorar si existe forma alguna de violencia o lucha. La bondad se pone de manifiesto en la conducta, en la acción y en la relación. Por lo general, nuestra conducta diaria se basa o bien en el seguimiento de determinadas pautas, las cuales son mecánicas y, por ende, superficiales, o en motivaciones muy cuidadosamente elucubradas cuyo fundamento es el premio o el castigo. De modo que, consciente o inconscientemente, nuestra conducta es calculada. Ésta no es buena conducta. Cuando nos damos cuenta de ello, no meramente de manera intelectual o ensartando palabras, entonces la buena conducta surge de la negación de lo que no lo es.

La buena conducta es esencialmente la ausencia del ego, del yo. Se demuestra en la cortesía, en la consideración hacia los demás, en ceder sin perder la integridad. La conducta es extraordinariamente importante; no es una cuestión momentánea que pueda pasarse por alto o el juguete de una mente sofisticada. Esa conducta brota de la profundidad del propio ser y forma parte de nuestra existencia cotidiana. La bondad se muestra en la acción. Actuar correctamente es una de las cosas más difíciles de hacer. Es algo muy complejo y debe ser examinado muy detenidamente, sin impaciencia y sin sacar ninguna conclusión precipitada. En nuestra vida diaria la acción es un flujo continuado del pasado, a veces interrumpido por una nueva serie de conclusiones. Estas conclusiones se convierten a su vez en el pasado, de manera que uno actúa de acuerdo con ideas o ideales preconcebidos. Uno siempre está actuando o bien desde la acumulación de conocimientos, que son el pasado, o de cara a un futuro idealista, a una utopía. Nosotros aceptamos dicha acción como algo normal. ¿Pero lo es? La cuestionamos después de que haya ocurrido o antes de realizarla, pero dicho cuestionamiento se basa en conclusiones previas o en expectativas de premio o castigo futuros: “Si yo hago esto, obtendré aquello”.

Ahora estamos cuestionando todo el concepto aceptado de la acción. La acción tiene lugar después de que hayamos acumulado conocimientos o experiencia; o actuamos y aprendemos, con agrado o desagrado, de esa acción y este aprendizaje se convierte a su vez en acumulación de conocimientos. Por lo tanto, ambas acciones se basan en el conocimiento y no son diferentes. El conocimiento es siempre el pasado y, por consiguiente, nuestras acciones son siempre mecánicas.
¿Existe una acción que no sea mecánica, repetitiva, rutinaria y, por lo tanto, sin pensar? Es realmente muy importante que comprendamos esto, porque donde haya libertad y la bondad florezca, la acción no podrá ser nunca mecánica. Escribir, aprender un idioma, conducir un automóvil, adquirir cualquier clase de conocimiento técnico y actuar conforme a ese conocimiento son actividades mecánicas. Esta actividad mecánica puede suspenderse y en esa suspensión puede formarse una nueva conclusión, la que a su vez se vuelve mecánica. Uno debe tener en cuenta constantemente que la libertad es esencial para la belleza de la bondad. Existe una acción no mecánica, pero usted tiene que descubrirla. Nadie le puede enseñar o instruir al respecto; usted no la puede aprender de ejemplos, porque eso se convierte en conformismo e imitación y entonces usted ha perdido por completo la libertad y la bondad no existe.

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